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PRESENTACIÓN

Nacido en la Ribera Navarra, lejos por cierto, de las cadenas montañosas. Lo más cercano que tengo es el Moncayo, al que no había subido hasta que empecé a practicar el montañismo, pasados los treinta años. En aquella época, todo mi tiempo de ocio lo utilizaba en ir con mi caravana de un lado a otro, disfrutando del aire libre con mi mujer y mis hijos. Fue en una de estas donde comenzó todo.

Una noche, al calor de una fogata en una acampada en un paraje pintoresco en Cueva de Ágreda... Javier, un viejo montañero (más joven que yo), nos contaba anécdotas de sus correrías montañeras y me animaba a que un día le acompañara a subir el Aneto, la máxima cumbre del Pirineo, que él se jactaba de haber subido varias veces.
- Pero, ¿como vas a subirme allí, ¡a mi!, si ni tan siquiera he subido a Santa Quiteria en mi vida? (un parque de mi ciudad que presenta una ligera elevación).- le decía yo.
- Que si que puedes, te lo digo yo, te basta con un poco de entrenamiento y ya está. Tu puedes hacerlo.- me decía Javier.
Mi primera ascensión al Aneto.

Bueno, pués así fue. Un bonito día de verano, equipado con unas flamantes botas recién compradas que parecían de “profesional”, una mochila “del año el Triqui” que me dejaron, rellena de todo “lo necesario” (bote garbanzos y cepillo dientes incluido).

Atasco en el paso de Mahoma.

Además, una extraña herramienta en forma de pico para llevar en la mano y una especie de herraduras con pinchos y correas para atar en los pies..., pués este día hicimos el Aneto.
La sensación básica, al ver en la cima un centenar de personas, peor equipadas que yo y con menos experiencia además, fue de decepción. ¿Dónde estaba la soledad de las cimas?, ¿dónde la aventura del montañismo extremo?. No me encajaba que esta cima fuera la máxima expresión del montañismo en Pirineos.
(He subido después al Aneto muchas veces, pero por la normal, solamente una y fue en invierno y con temporal.)

Pero de aquella primera cumbre, nació una afición que poco a poco se ha convertido en auténtica pasión.
Vinieron excursiones por valles y lagos, ascensiones veraniegas sencillas.
Luego me asocie al Grupo Muskaria y de la mano de un gran montañero como es Pachi Gambra, tome contacto con la alta montaña, la roca, las crestas y aristas, la nieve y los corredores en invierno... Unos cursillos de escalada en roca y hielo marcaron el paso al alpinismo y las cascadas de hielo.

Con Pachi Gambra;
Saliendo de la reunión en el primer largo de "Corazon Purpura", en el pico Otal.

Después de una corta pasada por Alpes, hay una época de afianzamiento y especialización con mucha actividad en Pirineos que me lleva a conseguir la práctica totalidad de los 212 tresmiles, realizar varias veces todos los cresteríos más importantes y plantear encadenamientos de dichas crestas, que ningún libro ha descrito.
En invierno los corredores de nieve y las cascadas de hielo son mi obsesión, Telera, Gavarnie, Izas, Boi... Vías como el corredor norte del Margalida o el corredor de Gaube. También alguna cascada abierta y reseñada por cordadas en las que yo participaba (como Turrón, Turrón, en Barrancs).

En estos últimos años, he añadido a mi actividad montañera el esquí de montaña, algo lógico para alguien que como yo, se mueve en la alta montaña Pirenaica en invierno.
Esquí de montaña en el Glaciar de la Maladeta, cercano al collado de la Rimaya.
Pero toda esta actividad no ha sido gratuita, directa o indirectamente me he visto implicado en media docena de accidentes de escalada, y esto... La verdad; ver como un helicóptero se lleva a un compañero... No es fácil de asimilar, se te encoge el corazón.
Relato de un fin de semana en el que nos ocurrieron varios accidentes.
Rescate de Juan Luis en 1996.
Rescate de Alicia en Mayo 2004.

 


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