Puede ser que, si lo comparamos con las
cumbres de la Cadena Pirenaica, caigamos en la tentación
de pensar que el Moncayo es una “pequeña montaña” solitaria y sin demasiado interés. Pero no es así,
los aficionados de las comarcas de Aragón y Navarra ribereñas
del Ebro, sabemos valorar lo que tenemos cerca de casa. Son muchas
las veces que, a lo largo del año, tanto con nieve como
sin ella, nos acercamos a esta “nuestra montaña” ya que conociéndola un poco, nos ofrece bonitas ascensiones
y excursiones en las que descubriremos rincones, cimas y barrancos
de singular belleza.
En esta ocasión se trata de una
ascension invernal por el barranco de San Miguel, vía de
carácter serio, con una pendiente moderada que, dependiendo
por donde se coge, llega a empinarse y dar sensación de
verticalidad, y que esta vez se presentaba con la nieve helada.
Bueno, más que nieve era en realidad una enorme plancha
de hielo en la que los crámpones agarraban bien sin conseguir
dejar huella.
Estas condiciones de hielo, no hacían
más que añadirle belleza a una ascension de 900
metros de desnivel que comenzaba a la altura de “la fuente
del Fraile”. El sendero nos lleva en primer lugar, al Santuario,
y posteriormente continúa hasta que el bosque desaparece
y, ya teniendo a la vista todo el esplendor de la montaña,
comenzamos entonces la ascension del Barranco de San Miguel.
Uno de los errores frecuentes en el Moncayo
es precisamente el infravalorar su ascensión, son muchos
los que se tienen que dar la vuelta por no llevar crámpones,
muchos tambien los que, llegados a la cresta cimera, abandonan
agobiados por el fuerte ventarrón y demasiados los que
tienen accidentes por no ir debidamente equipados o no saber manejar
bien el Piolet en la auto-detención. Precisamente, en esta
ocasión se había producido un accidente mortal el
día anterior, y durante el tiempo que estuvimos allí,
ocurrieron otros dos accidentes con consecuencias de graves lesiones.
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