Travesía circular
Central de Morana - Barranco de Horcajuelo -
El Morrón - Peñas de Herrera - Central de Morana

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Un cartel en el aparcamiento situado junto a la central eléctrica de Añón, nos indica el terreno en que entramos; el barranco de Horcajuelo, antiguo sendero utilizado por los lugareños para unir las localidades de Añón del Moncayo y Beratón. Hoy en día, en desuso como vía de comunicación, pero bien balizado y conservado, nos ofrece uno de los recorridos más bellos del macizo del Moncayo.
Comenzamos nuestro caminar temprano, pues el recorrido que vamos a realizar es largo, unas 6 horas de deambular por las altas tierras del Moncayo. Al comienzo, un cielo azul y el sol a nuestra espalda contrarrestan el frío cierzo de la mañana.
Un bonito sendero nos adentra en el barranco rodeados de Acebos, Encinas y otras especies arbóreas de bajo porte. Vegetación singular totalmente autóctona.
Podemos seguir el sendero balizado que recorre la primera parte del valle a determinada altura, pero es más bonito si seguimos la pista primero, y después el sendero que cruza el río varias veces, ya que así iremos inmersos en la vegetación.
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Conforme vamos caminando, espectaculares formaciones rocosas nos flanquean el camino. Destaca entre ellas la “Torre Morana” un torreón situado en medio del barranco que ofrece para los aficionados a la escalada una corta pero bonita vía para su ascensión (IV).
Acompañados del sonido del arroyo cada vez menos caudaloso y rodeados de la magnifica naturaleza, singular en la belleza que le proporciona, el hecho de ser totalmente autóctona y salvaje, continuamos por el sendero.
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Conforme ganamos altura, va desapareciendo la vida vegetal, quedando únicamente los acebos para vestir el desolado terreno.
En la parte superior del barranco, unas extensas praderas ideales para el pastoreo, nos sorprenden gratamente. Se nos antoja que sea un lugar ideal, para plantar una tienda y relajarnos placidamente un par de días, en este recóndito lugar donde a buen seguro tendremos pocos visitantes.
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En el collado del Campo, las pétreas agujas dan comienzo a una fácil cresta que va rodeando los acantilados de la parte occidental del Morrón.
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Espectaculares paredes, muy interesantes para la escalada de dificultad, si no fuera porque están habitadas por una importante colonia de buitre leonado y como es lógico, debemos respetar su habitat y su derecho a no ser molestados.
El Morrón. Un hito nos marca su cumbre, modesta si la comparamos con la cima del Moncayo pero que, como hemos visto, nos ha ofrecido una muy interesante ascensión.
Desde aquí, buen lugar para descansar un poco y almorzar, divisamos al norte el Moncayo metido en la abundante nubosidad, y al sur las “Peñas de Herrera”, que son nuestro próximo objetivo.
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La ascensión de la primera “Peña de Herrera”, la mas alta, no presenta dificultad. Un angosto pasillo tallado en la roca, que imaginamos serviría en otra época a fines de vigilancia militar, da acceso a la pequeña cima de esta torre rocosa. Desde aquí divisamos la torre siguiente o “segunda Peña de Herrera” a la que nos dirigiremos a continuación.
 
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La silueta de esta torre, inaccesible por todos sus lados, es magnifica. Antiguamente los pastores le daban un uso curioso a esta atalaya: mediante una escala que instalaban en su única posible vía de acceso, subían a la meseta que forma su cumbre, las ovejas una a una, poniéndolas de esta forma a buen seguro de las alimañas que pudieran rondar, al tiempo que aprovechaban el rico pasto existente en la cima.
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En la parte superior de su cara norte, una cueva situada justo a la entrada de la chimenea de acceso, nos ofrece un buen refugio en caso de mal tiempo y nos indica el camino.
La única forma de acceder a esta fortaleza es por esta estrecha chimenea, que se supera mediante una corta trepada apoyándose en las paredes, en oposición. Fácil para quienes están iniciados en la escalada, que no necesitaran cuerda, pero insuperable para aquellos que por vértigo, inexperiencia u otras circunstancias, entienden que los pies son para andar por el suelo, no por las paredes.
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Desde lo más alto de la peña, una vista sobre una parte de la meseta que forma la cumbre. Como si estuviéramos en un castillo medieval desde el que divisamos toda la comarca hasta donde se nos pierde la vista.
Una vez destrepada la chimenea y con la mochila al hombro de nuevo, nos encaminamos a la tercera y ultima peña por un marcado sendero que es el que viene de Talamantes. Desde el collado se accede fácilmente a la peña y atravesándola en sentido descendente hasta su parte inferior, encontraremos por donde bajar encaminándonos hacia una pista que divisamos en la ladera situada enfrente, que nos llevara de camino hacia el punto de partida.
En el descenso por la incomoda pendiente de piedra suelta, atravesaremos una zona plagada de Espliego (lavanda), tomillo y romero que nos sorprenderá gratamente con los aromas típicos de estas tierras.
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Una vista de la que es la cuarta “Peña de Herrera”, alta y esbelta por este lado, pero llana y poco relevante por el otro.
Una última vista sobre las Peñas, ya subiendo por la pista al otro lado del valle. Seguiremos este camino hasta un pequeño collado desde el que parte una trocha o camino forestal en desuso, y que en principio parece llevar la misma dirección que el camino, seguiremos hasta que se acabe, para desde este punto (estamos situados justo encima de la central de Morana) lanzarnos pendiente abajo a través de incomodas pedreras, hasta llegar a la central eléctrica y al coche.
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