Teníamos tantas ganas de comenzar la temporada invernal,
que en cuanto cayeron los primeros copos de nieve..., mucho antes
de que cualquiera con dos dedos de frente pudiera pensar que podría
haber algo formado en algún rincón del Pirineo...
El Alberto y yo, habíamos estado
el día anterior por la cara norte del Pico Culivillas, pateando
la nieve que ya empezaba a acumularse por esa zona, y escalando
(o algo así) una especie de corredor que subía,
no se a que monte.
Con el corazón encogido de ver como
estaban dejando aquello las obras de la nueva estación de
esquí de Formigal, nos fuimos a dormir a “Casa de Piedra”
y..., la verdad es que allí se nos termino de encoger al
ver como están dejando aquello en base a no se que proyecto
hotelero.
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Habíamos
quedado allí con otros amigos, y al día siguiente
nos fuimos para el Serrato. Tras una aproximación que resulto
ser más dura de lo que habíamos previsto, llegamos
a la base del corredor. No se apreciaban grandes dificultades en
él, pero seguro que nos hacía pasar un buen rato metidos
en aquel angosto pasillo nevado.
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La verdad es que sacamos las cuerdas, más que nada por no
llevarlas en las mochilas, pués el corredor no presentaba
más que una inclinación moderada. Algún pequeño
resalte de vez en cuando le daba un poco de gracia a la cosa.
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Poco a poco no vimos metidos en el maravilloso ambiente del corredor,
puede que no fuera uno de los más difíciles, pero
bonito..., lo era un rato largo.
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Cuando llegamos a un ultimo resalte, dos sensaciones contrapuestas:
por un lado el sol apretaba fuerte indicándonos que el otoño
todavía no había terminado y por otro, un frío
viento del norte nos indicaba la proximidad del invierno.
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Por fin,
llegamos a la salida del corredor y..., nada mas asomar las narices,
un fuerte ventarrón nos indico de que iba aquella historia...,
justo llegamos a la cima sin darnos tiempo siquiera a sacar alguna
foto decente que, antes de quedarnos congelados nos volvimos a meter
en el agradable refugio del corredor.
Habíamos pensado bajar por la fácil cresta cimera,
pero decidimos que seria mejor bajar por el corredor superando un
par de dificultades con sendos rápeles. Menos frío
pasamos, desde luego.
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Las vistas desde la cima
sobre los picos circundantes son espléndidas, el maravilloso
día totalmente despejado, iluminaba un paisaje capaz de dejar
embobado al mas pintado.
Mi amigo Pachi solía decir cuando llegábamos a alguna
cima..., “aquí soy feliz”.
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