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En un increíble día de enero, que
más parecía de avanzada primavera que de puro invierno,
sin apenas nieve en las altas cumbres que nos rodeaban y con una
temperatura ambiente que hacía presagiar que nos íbamos
a quedar sin poder clavar los piolets, llegamos al valle de Boi,
hasta la misma presa de Cavallers con el coche como si fuera verano.
No conocíamos la ubicación de las cascadas, ni sospechábamos
que las teníamos tan cerca. Veíamos algunas líneas
y formaciones de hielo por todos los lados, destacando del terreno
sin nieve, pero nada escalable. Sin saberlo, nos plantamos al pie
de “Islandis”, a diez minutos del coche, pero como aquí
había metidos un par de cordadas, nos fuimos a una cascada
situada al otro lado del embalse, para comenzar a hacer algo. Desconozco
su nombre, pero resulto ser un fácil recorrido poco interesante,
de iniciación y poco más. Como teníamos unas
enormes ganas por escalar de verdad, nos bajamos sin terminar y
nos fuimos directamente a la línea que desde allí
veíamos enfrente (ahora ya sabíamos que se trataba
de Islandis).
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Un primer resalte de poca dificultad, da paso
a un largo en el que, si se busca un poco, por su parte izquierda,
podemos ya encontrar pasos de hielo interesantes. Este largo, aunque
no sea técnicamente difícil, resulta bonito y entretenido.
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Después, ascendiendo por el barranco,
se llega al pequeño circo donde se encuentra la parte más
interesante del recorrido.
La cascada aparecía magnífica, impresionante diría
yo. Con más hielo posiblemente la inclinación estaría
en los 90º, pero ahora que estaba bastante justa..., ¡Uf!
En su tercio superior extraplomaba seguro.
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Estábamos tan entusiasmados que no queríamos
rendirnos a la evidencia de que era imposible escalar aquello antes
de que se hiciera de noche, comenzamos el primer largo para que,
muy a pesar nuestro, tener que dejarlo sin terminar.
Decidimos que volveríamos a subir al día siguiente,
así con el frío de la noche el hielo estaría
en mejores condiciones incluso.
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Cuando al día siguiente llegamos de nuevo
al primer resalte, nos dimos cuenta de que algo no iba bien, en
una noche totalmente despejada como había sido la anterior,
no solo no había helado, sino que habían subido las
temperaturas y se estaba fundiendo, a marchas forzadas, el poco
hielo que quedaba. Subimos otra vez a la parte final de la cascada
para ver que las horas de la noche habían hecho auténticos
estragos en el hielo. Aquello chorreaba agua por todos los lados.
Aun así no quisimos darnos por vencidos y me metí
a escalar en un hielo que se desmoronaba a los golpes de mis piolets.
Llegue a la primera reunión totalmente empapado, la ducha
había sido mayor de lo que podíamos haber previsto,
¡tenía mojados hasta los calzoncillos!, y desde mi
posición, se apreciaba que lo que quedaba estaba todavía
peor. No tenia sentido continuar así además de que
me estaba quedando congelado por momentos. Muy a mi pesar, tocaba
abandonar una vez más.
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Menos mal, que Waldo tenia algo de ropa de repuesto
y pude cambiarme. Como nos sabía mal bajarnos sin hacer nada,
escalamos el largo que se presenta a la derecha, mucho mas fácil
pero también interesante de hacer.
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Bueno, así fue esta primera visita al
valle de Boi, seguro que este invierno volveremos. “Islandis”
se nos quedo grabada como un proyecto a realizar de forma obligada.
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