Llegar al glaciar de
Tempestades, en invierno, ya es en si mismo toda una aventura.
Cuando leés las referencias en los libros, parece fácil
llegar allí y hacer la vía que sea, pero la
realidad esta muy lejana de esto, deberemos de preparar toda
una jornada para hacer el viaje desde Tudela y llegar al glaciar.
Dormiremos allí, en la inmensa soledad de aquellos
bellísimos parajes, reservados únicamente para
quienes son capaces de ser felices simplemente con semejante
aproximación.
Un día, tras la dura marcha con raquetas de mas de
cinco horas, vimos en la Colladeta de Barrancs unos resaltes
de hielo que ofrecían una buena oportunidad de abrir
alguna cascada. Plantamos allí nuestro campamento y
aún escalamos algo ese día, viendo que se podían
hacer buenas vías.
Al día siguiente, hicimos el corredor Norte del Margalida,
fantástica canal de nieve, que ofrecía un paso “cañero” en la entrada, arriba
del cono de deyección. despues de esto, hubo que superar
varios resaltes, unos mas difíciles que otros y normalmente
en terreno mixto. Llegar a la cima del Margalida, nos pareció
una gran conquista, la sensación de lograr una cima
como esta, en las duras condiciones de invierno, y por esta
canal, fue gloriosa, indescriptible. La buena climatología
que nos acompaño estos días, contribuyo a ello.
Tras rapelar todo el corredor, volvimos a nuestro campamento
en la Colladeta, adonde llegamos con noche cerrada. Al día
siguiente hicimos la vía completa en el resalte de
hielo, denominándola “Turrón, turrón”.
Se trata de un par de recorridos, lógicos y evidentes.
El primero, tirando recto por la parte más vertical
en un bonito largo a 90º y el segundo, partiendo desde
el mismo punto, trazando un recorrido oblicuo hacia la izquierda
con una inclinación de 80º y algún resaltillo
de 90º. Utilizamos media docena de tornillos y cuerdas
de 50m, aunque nos vinieron un poco justas.