Plantamos la tienda en una explanada de
hielo, duro como la roca, parecía increíble
que pudiéramos dormir allí pero era lo único
plano que encontramos, la verdad es que pasamos una noche
bastante bien en aquel original emplazamiento.
Al día siguiente, tras pasar el collado y situarnos
en la cara norte del Bisaurin, localizamos una posible vía
y nos metimos en ella sin saber cual era y sin tener referencias...,
como tantas otras veces.
Un primer largo en un paredón de roca totalmente liso
y cubierto de una fina capa de hielo en la podíamos
clavar los crampones pero no el piolet, y ni pensar en meter
un seguro en todo el largo, la verdad es que "tuve
que ponerme las pilas" para superar aquello. Una
fisura horizontal nos permitió meter un pitón
con el que montar una exigua reunión y terminar esta
primera dificultad. Una vez superado este muro, el nivel de
dificultad disminuye, recorriendo un poco definido corredor
que desemboca en la cima.
Bonita vía la que hicimos que nos dejo un buen sabor
de boca y ganas de volver a este pico tan emblemático
de la vertiente occidental del Pirineo.