No teníamos muy claro lo que podíamos
hacer aquel fin de semana, así que el sábado
nos encaminamos a la rinconada de la Canal Roya para escalar
un poco en las cascadas que allí se forman. Cuando
llegamos al collado, la vista del Anayet nos encandilo, estaba
precioso, nos llamo especialmente la atención el corredor
que sube desde la base, no sabíamos su nombre entonces
ni teníamos referencias de el, tampoco sabíamos
de su continuidad por la cara norte del Anayet ya que dicho
corredor terminaba más o menos por la mitad de la pared.
Así que no nos lo pensamos dos veces, ¡A por
él!.
El corredor resulto entretenido, la nieve no estaba muy bien
pero se dejo hacer, algún resalte en mixto y poco más
que contar, la dificultad media nos hizo disfrutar del encajonado
ambiente.
Cuando salimos al hombro donde termina el corredor de los
Franceses, vimos la lógica continuidad de la vía
por la cara norte. Un paso expuesto y difícil al comienzo
y a partir de ahí se acabaron las dificultades.
Llegamos a la cima al anochecer, cansados pero muy contentos
y orgullosos de haber conquistado el Anayet por su cara norte,
¡fue fantástico aquel momento!, y respecto a
la vía podemos decir que es un gran corredor, un bonito
recorrido donde disfrutar de la escalada de corredores de
nieve.
Bajamos por las pistas de esquí hasta la carretera
y al coche, ¡de noche cerrada y sin conocer el terreno!,
para postre, cuando por fin llegamos al coche, nos encontramos
con que me había dejado las luces encendidas y se había
agotado la batería, ¡Tuvimos que bajar empujando
hasta la gasolinera de Formigal!, ¡Vaya paliza!.
Era muy tarde ya, sobre las 12 de la noche, pero como no veíamos
claro que podríamos hacer al día siguiente por
aquella zona, decidimos irnos a dormir a Canfranc para hacer
algo en Izas el domingo.
Al día siguiente, sin madrugar demasiado, hicimos la
“Historia d’leau”, magnifico colofón
a este fin de semana.