Esta es una de las crestas mas emblemáticas
del Pirineo. La primera vez que la hice, con Pachi Gambra
y Javier Vázquez, yo llevaba el saco atado fuera de
la mochila (cosas de novato), en la cresta de Tempestades,
se soltó y cayo en dirección al glaciar. Por
suerte, golpeo en una roca y se rompió la funda-envoltorio,
el saco se abrió como un paracaídas y se quedo
enganchado en unas rocas. Tuve que montar un rapel con dos
cuerdas empalmadas (100m) para recuperarlo, y volver a escalar
hasta la cresta asegurado con la cuerda por mis compañeros,
¡vaya marrón!.
Anécdotas aparte, lo cierto es que disfrute enormemente
en esa ocasión. La escalada de esta cresta es inolvidable,
de las que no me importa repetir. Recuerdo de forma especial,
lo que fue mi primer vivac, en las faldas del Tempestades,
aquella noche yo “alucinaba”. Una noche de luna
llena, en un paisaje de rocas que daba la sensación
de estar “en la luna”. Desde entonces, el vivac
con funda o con tienda, es mi opción preferida para
pasar las noches en la montaña.
La he vuelto a repetir en un par de ocasiones, y otras dos
o tres que tras intentarlo, no la he hecho por la meteo adversa.
Ahora que estoy escribiendo esto, me entran unas ganas enormes
de volver a hacerla. Volver..., volveré seguro.