TRAVESSANI

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Nos dirigimos al valle de Boi en un fin de semana con una meteo excelente y una vez aparcado el coche en la presa de Cavallers, comenzamos a andar por el sendero que rodea el lago en dirección al refugio de Ventosa y Calvell.
Las primeras vistas, ya desde el comienzo del camino, eran sencillamente fantásticas, la frescura de la primavera, los últimos neveros, la enorme cantidad de agua por todos los sitios....

 

Llegó un momento en que las agujas de Travessani se nos mostraban en todo su esplendor.

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Una vez al pie de la primera aguja, a ponerse el equipo, colgarse el material y atarse a la cuerda.

Comenzamos la escalada bastante “fríos”. En el aire flotaba el recuerdo de la escalada anterior en la Peña Ezkaurre que termino en accidente y con nuestra amiga Alicia en el hospital con los dos pies rotos. Aunque nadie dijo nada, la psicosis era patente, los fantasmas estaban en cada presa, en cada roca, en cada fisura.... El amargo recuerdo, nos atenazaba sin dejarnos disfrutar de lo que estabamos haciendo.

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Extraordinario rapel en la segunda aguja.

 

Viendo las agujas desde el Este, se comprende porque este proyecto lo tenía muy presente desde la primera vez que escalé en estos lugares. Sencillamente..., esta cresta enamora.

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Convencidos de que el refugio estaba cerrado (este fue el primer fín de semana que estaba abierto) y ante la duda de donde estaríamos al acabar la jornada, íbamos preparados para hacer noche por las alturas.

         
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Al levantarnos, lo primero mirar hacia nuestro objetivo. Hoy se nos antoja más atractivo todavía, el fresco amanecer, nos anuncia un día fantástico.

Una vista sobre los Besiberri desde algún punto de la cresta.
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En la cuarta aguja es donde la escalada se complica, comienza con un extraordinario muro vertical, después un bonito diedro donde practicar la babaresa y para finalizar una escalada en excelente granito hasta la cima.

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La dificultad, mantenida en el IV grado, no resulta agobiante en ningún momento.

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El recorrido continua por la quinta aguja, por terreno mas fácil pero igualmente grandioso.

Entre las ultimas agujas, el terreno es una sucesión de gendarmes, fabulosas formas de granito multicolor que nos felicitan por haber llegado hasta allí, próximos a la cima del pico Travessani.

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¡Por fin! ¡La cima!... Amigable abrazo de compañeros triunfantes, suculento almuerzo (barritas), extasiarse con las vistas sobre los macizos cercanos, felicitaciones por las dificultades superadas.... y el recuerdo a nuestra compañera herida, tal vez algún día volvamos con ella a este paraíso para que viva nuestras mismas sensaciones, nuestras mismas emociones... ¡Va por ti Alicia!.

En el descenso por el empinado nevero, un último recorrido visual sobre la cresta.

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Abajo, en el valle, un lago que no termina de deshelarse, pronto sus aguas invitarán al baño.

Durante el descenso, el agua en su estado mas salvaje, mas natural, en forma de torrentes o lagos, compite en belleza con los altos roquedos, los neveros y las afiladas agujas.

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