Habían pasado ya varios fines
de semana y no encontraba compañero para salir al monte,
tenia un “mono” terrible, el verano avanzaba y
yo sin hacer nada. El Waldo andaba liado con la bicicleta,
el Javier “desaparecido” y en el club como si
no hubiera nadie..., total que o me quedaba en casa “mordiéndome
los coj.....”, o me lo montaba en plan solitario.
El proyecto que llevaba era muy ambicioso, seguramente demasiado,
casi estaba convencido de no conseguir terminar todos los
picos, pretendía hacer ¡44 tresmiles en tres
días!. ¿podría conseguirlo?, no lo sabia
desde luego, pero estaba dispuesto a intentarlo.
Comencé un día, dejando el coche en el final
de la carretera que conduce a Hospital de Benasque, a la entrada
del valle de Remuñe. La aproximación en un caluroso
día de verano hasta llegar al pie del pico Crabioules.
Una complicada trepada para llegar a la cima de este y desde
aquí comencé a crestear en dirección
al Lezat. Asegurándome a mi mismo “sin cuerda”,
es decir, mentalmente, escale las agujas de Lezat hasta llegar
al Pico Lezat, recuerdo especialmente el paso del “Gendarme
Blanco”, en el que tuve que "ponerme las pilas” para hacerlo. Tras trepar durante varias horas por esta magnifica
cresta, al anochecer llegue a la cumbre del Lezat, donde monte
el primer vivac.
Al segundo día, comencé
con la cresta que va al Grand Quayrat, a la que accedí
con un rapel. ¡Fantástico! Lo de esta cresta
afilada como el filo de un cuchillo. Tal como decía
la referencia que llevaba “no hay en ella una sola
piedra que no se mueva”. El nivel de tensión
y de adrenalina creada, es total, hacen falta nervios de acero
para pasar por allí, ¡sobre todo, en solitario
y sin asegurar!. Os aseguro que cuando llegue a la brecha
donde termina esta cresta, estaba sudando de una forma increíble (y creía notar un estraño olorcillo a mis
espaldas).
La ascensión al Quayrat tampoco la regalan, se trata
de una trepada en terreno bastante complicado, hasta que se
llega a la cima. Continué después por la cresta,
descendiendo al collado de Quayrat y por él, tras un
flanqueo rodeando el circo que cierra el valle de Espingo,
ir a parar al camino que sube desde el lago Sausat al pico
Gourdon y puerto de Oô (lo estamos viendo, enfrente,
durante todo el descenso), una vez en él, cuando
llevamos un rato subiendo lo dejamos para iniciar una flanqueo
en dirección al lago Belloc. Llegar a la Brecha Belloc
fue algo agotador,¡vaya paliza!. Desde aquí,
en primer lugar trepé al Belloc, para después
hacer el Espijeoles y el Gourdon. Me dirigí al Puerto
de Oô, y pasé a la otra vertiente, todavía
era pronto (las 4 de la tarde) pero estaba tan agotado
que decidí dejarlo ya, montar el vivac (ya había
dormido allí en excursiones anteriores y conocía
un sitio muy bueno), y dedicarme el resto de la tarde
a descansar.
El tercer día, comencé ascendiendo el pico Jean
Arlaud por su cara Este, en una trepada complicadilla. Luego
los Gourgs Blancs, en los que pase algún apuro porque
me perdí de la vía (como las otras dos veces
que había estado), y después los picos
que van hasta el Sant Saud. Una vez en el puerto superior
de Gias, los Clarabide y el Gias, para desde este pico, volver
al punto donde había dejado los trastos del vivac.
Ahora tocaba escalar la cresta de Seil de la Baque hasta el
Pico del Portillón y el Perdiguero. Para ascender a
este pico lo hice escalando la chimenea que se presenta en
el acceso desde el Portillón de Oô a la cara
W del Perdiguero (IVº), ¡caña..., caña...,
caña...,!.
Ya estaba en el Perdiguero, todo iba bien pero la meteo se
estaba complicando por momentos, estaba comentando con unos
montañeros valencianos los aspectos de mi travesía
cuando se puso a llover de forma inclemente. Mi intención
inicial era llegar a la Aguja Lliterola y desde esta al Tusse
de Remuñe, vivaquear por ahí, para al día
siguiente continuar hasta el Maupás y el Boum, bajar
al coche y volver a casa . Pero la fuerte lluvia lo cambiaba
todo, mi equipo era de funda de vivac, no de tienda. Y con
esta lluvia lo tenia muy mal para montar el vivac, además
de que el retraso que iba a acumular, hacia que me pasara
del tiempo de que disponía. Conclusión, que
tuve que dejarlo en los picos de Lliterola.
Bajo una fuerte lluvia, descendí de los picos de Lliterola
y ascendí al collado de Remuñe, el valle estaba
cubierto por una espesa niebla y al bajar me desvié
a la derecha metiéndome por unos cortados infranqueables,
tuve que volver a subir casi hasta el collado otra vez para,
esta vez, seguir bien los hitos y llegar al fondo del valle
de Remuñe, al perder altura y situarme debajo de las
nubes, por lo menos la visibilidad era buena, pero seguía
lloviendo sin parar. Cuando llegue al coche era noche cerrada,
así que monte una tienda que llevaba en el maletero
y a dormir. Al día siguiente, viaje de regreso a casa.
La cosa no fue mal del todo, no había conseguido hacer
los 44 tresmiles, pero había hecho 39 en tres jornadas,
¿tampoco esta mal, no?.
El verano siguiente volví a esta zona acompañado
de un amigo y con un planteamiento diferente. En primer lugar
empezamos por el Boum, Maupas y Crabioules. Para continuar
con el resto del recorrido según lo había hecho
el año anterior. Bien sea por ir encordados, bien por
falta de compenetración, o ¡yo que se por que
motivos!, el caso es que en tres días que estuvimos,
no llegamos a hacer ni la mitad del recorrido que yo había
hecho en solitario.
Bueno, sigue siendo un gran proyecto que algún día
espero realizar, ¡conseguir los 44 picos en tres o cuatro
días!.