¡Estaba decidido a hacerlo!....
A pesar de no tener compañero esta vez, Tenia tanta
ilusión, tantas ganas de hacer este recorrido, que
no me importaba hacerlo en solitario. Los posibles riesgos,
la tremenda soledad, todo lo que se ponía en contra,
quedaba justificado. El verme solo, no iba a conseguir que
me quedara en casa.
El primer día, cuando llegue
a Torla a eso de las nueve de la mañana, llovía,
¡otra vez la lluvia!. Dicen que los del campo están
siempre mirando al cielo..., ¿y nosotros los montañeros?.
¡De cada tres salidas que hacemos, una por lo menos
tenemos mal tiempo!.
Cuando me bajé del autobús en Ordesa, estaba
decidido a que esta vez el agua no me iba a impedir mi proyecto,
al menos por ahora, así que me puse el parka con el
gorro calado y ¡a patear se ha dicho!.
Comencé mi travesía bajo una fina lluvia que
duro toda la mañana, las clavijas de Carriata, el precioso
valle de Salarons, y por fin llegué a los Gabietos.
Tras ellos el Taillon y la brecha de Rolando donde por primera
vez en el día, me cruce con otros montañeros.
Seguí mi camino hacia “el Casco” y tras
bajar de este pico, monté la tienda para el primer
vivac. Durante esta noche ¡más lluvia!, ¡otra
vez lloviendo!.
Al segundo día, comencé la jornada subiendo
el pico “Torre de Marbore”, este tiene una subida
bastante curiosa viniendo en la dirección que venía,
difícil de encontrar si no se conoce el terreno. Tras
patear un enorme nevero con crampones, por fin encontré
en la muralla, el paso clave que da ácceso a este pico.
Después de esto, los “Picos de la Cascada”
y el Marbore en un pateo sin dificultad ninguna.
Ahora venia una de las claves de mi proyecto: hacer los Astazu
desde el Marbore.
En primer lugar debía descender por un corredor de
nieve helada muy tieso, hasta un nevero también muy
vertical e igualmente helado donde tuve que hacer una travesía
lateral bastante incomoda, todo esto sin asegurar y con un
patio “de cagarte, vamos”, pero además
¡luego tenía que volver a subir por ahí!.
Bueno, una vez pasada esta primera dificultad que considere
bastante seria, el descenso por la cresta muy descompuesta
hasta la brecha sur del collado de Astazu, después
la travesía por todo este collado por pedreras y neveros
bastante incómodos, la ascensión a los Astazu
y ahora la vuelta al Marbore por la misma vía que había
venido. En total me costo 5 horas el hacer los Astazu, esto
demuestra que mi planteamiento era bueno. Respecto a esta
vía, puedo decir que me gusto mucho, una forma original,
eficiente y bonita de hacer los Astazu.
Desde el Marbore, continué en dirección al Cilindro
bajando a montar la tienda a un vallecito al pie de su cara
SO. Segundo vivac, esta vez con buen tiempo.
Comencé el tercer día, ascendiendo al Cilindro
por una vía muy original, y desde luego, poco utilizada.
Primeramente se remonta un corto corredor helado pero en esta
época cortado a mitad, por lo que estaba bastante complicado.
Después se asciende por un nevero, también helado
hasta la espalda SO del Cilindro, donde hay que trepar por
terreno fácil pero delicado. La vía, en conjunto
me gusto, el único problema era el desconocimiento
del terreno, compensado por el sentido de la aventura.
Tras bajar al lago helado, mi intención era hacer el
“Dedo de Monte Perdido”, pero, viendo el terreno
de cerca, acabe por valorar que era demasiado expuesto para
hacerlo en solitario, sin asegurar.
Una vez en el Perdido, baje por la vía de las escaleras
hasta el Pico Punta de las Escaleras, esta ruta es fácil
pero al no conocerla, cuesta un poco encontrar los pasos en "las escaleras" que nos cortan el camino.
Desde este pico, me dirigí a otra de las vías
claves en mi proyecto: la subida al Soum de Ramond desde esta
cara. Como en toda la travesía, el desconocimiento
del terreno hacia que el nivel de incertidumbre y aventura,
fuera muy alto. Esta vez se trataba de una vira que, vista
desde el Perdido, parecía muy expuesta y complicada,
impensable para hacerla en solitario y sin asegurar. Me dirigí
a ella subiendo por neveros muy empinados (crampones), hasta un cuello de botella que daba entrada a una especie
de corredor y este, a su vez, a la vira que había visto
desde el Perdido. Resulto no ser tan expuesta y complicada,
aunque lo suelto del terreno hizo especialmente penosa su
ascensión. Una vez terminada la vira, hay que trepar
por buen terreno hasta llegar a la cima (hitos).
La sensación de orgullo y felicidad cuando llegue a
esta cumbre fue inmensa, ¿y toda esa gente que veía,
desde allí, en el Perdido? (había mogollón
de personal), seguro que ellos estaban orgullosos de
haber conseguido su cima, ¡pero si supieran lo que estaba
haciendo yo!.
Desde el Soum de Ramond, me dirigí en primer lugar
al “Espalda de Esparets”, después al Baudrimont
Norte y después al Baudrimont Sur, fue al pie de este
pico donde monte la tienda para pasar la tercera noche en
unos estupendos emplazamientos para vivac. Orgulloso y cansado,
dormí largamente esta noche, a pesar de que, para no
perder la costumbre, cayo una buena tormenta y llovió
“a cantaros”.
A la mañana siguiente había cesado la lluvia,
aunque estaba envuelto en una espesa niebla. Emprendí
el camino, fácil y evidente, hasta la cima del “Punta
las Olas”, para bajar después a coger el sendero
que, desde Goriz va al collado de Añisclo. Al principio
del descenso, un buen camino y después hitos, hacen
pensar que se han acabado los problemas, pero después
los hitos te dejan en lo alto de una muralla difícil
de traspasar, y cuesta encontrar el paso para bajarla sin
conocer el terreno, hay que dirigirse a la izquierda, pero
incomprensiblemente, no hay hitos.
Una vez en el sendero, primeramente llegar al collado superior
de Goriz, después al refugio y de aquí por las
clavijas de Soaso a Ordesa y al autobús otra vez.
Grandiosa travesía la que he realizado esta vez...,
en solitario, encontrándome y “venciéndome” a mi mismo. La bajada al collado de Astazu desde el Marbore,
la original subida al Cilindro, la ascensión del Soum
de Ramond por esta vía, las noches en las alturas...
Una experiencia única.