Varias han sido las veces que he ido
a escalar esta cresta. La primera, lo dejamos antes incluso
de empezar. La segunda, montamos el vivac en una especie de
castillete en forma de media luna cerrada, que nos proporcionaba
un buen abrigo para las cabezas, en un gendarme poco definido
situado aproximadamente a mitad de la cresta; Al día
siguiente nos levantábamos con más de cuatro
dedos de nieve encima de las fundas; Cuatro rápeles
y a casa. No fue hasta el tercer intento cuando conseguí
llegar al collado superior de Alba, punto donde acaba esta
cresta. En la última ocasión que estuve allí,
conseguimos, por fin, encadenar esta cresta con la de las
Maladetas, esta vez todo nos salió bastante bien y
llegábamos a dormir al pico Maladeta, con la idea de
que al día siguiente, si llegábamos pronto al
collado Maldito, podríamos seguir por la cresta del
Medio hasta el Aneto. No fue así, un fuerte y frío
ventarrón, nos obligo a abandonar en el collado Maldito
bajando por la Renclusa (habíamos dejado el coche en
el puente de Cregueña).