En la mayoría de estos
recorridos, el nivel de dificultad técnica nos permite ir sin
encordar, dejando la cuerda para los casos estrictamente necesarios.
Cuando necesitemos ir atados a la cuerda, "en ensamble"
o asegurando, los compañeros de cordada deberán estar
bien compenetrados para llevar una marcha adecuada. El ir sin encordar
aumenta, lógicamente, el grado de exposición. En este
caso cada escalador, aunque tenga un compañero al lado, debe
sentirse “solo” en cada momento, ajustando su nivel de concentración
a esta situación. Encontrarse a gusto con esta situación,
siendo consciente del riesgo asumido, forma parte del “sexto
sentido” montañero al que antes hacíamos referencia.