La primera vez que ascendí
al Russell, teníamos, el Waldo y yo, tres días por delante,
La idea inicial era realizar una travesía comenzando en los Russell,
de aquí al collado de Salenques, Pico Margalida, Tempestades,
Aneto, Pico de En Medio, Pico Maldito y collado de Cregueña –
Araguells.
Bueno pues la cosa fue de la siguiente manera:
El primer día, tras el viaje en autobús hasta el Puente
de Coronas, ascendimos al Russell por su vía normal desde esta
cara, hicimos todos los picos del macizo y ... Tal como nos ocurre tan
a menudo, nos cayo una tormenta de las de “órdago a la
grande” (mis amigos me dicen que “parece que llevo una
nube por sombrero”). Desde la cima del Russell se veía
a lo lejos, en el fondo del valle de Salenques, una cabaña-refugio.
Llevábamos tienda, pero tal como estaba la tarde y con la que
nos estaba cayendo, pensamos que estaríamos mejor en una cabaña
que metidos en una minúscula tienda, así que como de todas
formas íbamos a bajar al valle para subir al collado de Salenques,
optamos por dirigirnos al refugio.
Este refugio estaba mucho mas lejos de lo que
nos parecía y nos costo llegar bastante rato. Cuando llegamos...¡Sorpresa!,
el refugio estaba cerrado “a cal y canto”, no
tenia ni un triste cobertizo para protegernos de la lluvia. ¡Después
de haber bajado hasta allí, tendríamos que dormir en
la tienda igualmente, pero ahora empapados de agua!. Montamos
la tienda, de forma urgente, “en el momento que más
llovía pienso yo”, de forma que cuando nos lanzamos
dentro de ella, era como lanzarse a la piscina, ¡había
más agua dentro que fuera!.
Bueno, la verdad es que fue una noche muy larga (eran las 6 de
la tarde) y especialmente ¡muy húmeda!.
Al día siguiente dejo de llover, pero el tiempo continuo malo.
Ascendimos al collado de Salenques pero la mala climatología,
el riesgo evidente que volviera a llover y la roca mojada y resbaladiza,
nos desanimo de meternos en la cresta que teníamos prevista,
así que nos bajamos por el valle de Barrancs a Hospital de
Benasque desde donde un chaval nos llevo en su coche hasta donde teníamos
el nuestro en el Pla de Senarta.
Para aprovechar el tiempo que nos quedaba, nos fuimos este día
al refugio Angel Orus, para hacer al día siguiente la cresta
Collado Eriste – Posets. También aquí nos hizo
mal tiempo, aunque a base de pundonor, pudimos terminar la cresta,
eso si, la Tuca Forau de la Neu no pudimos hacerla ya que desconociendo
el camino, no lo pudimos encontrar en medio de una densa niebla.
La segunda vez que he estado en los Russell,
también con el Waldo, el proyecto era escalar la arista SO,
para pasar al Margalida por la cresta Russell – Margalida, llegar
por la cresta de Tempestades al Aneto y bajar por el collado de Coronas.
La escalada de la arista, nos sorprendió gratamente. Bonita,
entretenida, buena roca y de poca dificultad exceptuando algún
que otro paso un poco mas difícil. Para mi punto de vista,
es la mejor forma de ascender a los Russell.
Pero tampoco esta vez íbamos a tener suerte. Aun no habíamos
bajado a la Brecha Russell para comenzar a escalar la cresta, cuando
comenzó a llover de forma inclemente. Conclusión, había
que abandonar otra vez. Nos montamos unos rápeles por la brecha,
ya que la roca estaba totalmente intratable y era imposible dar un
paso. Estos rápeles parecía que los estábamos
haciendo en una cascada de agua, ya que era en eso en lo que se había
convertido la Brecha de Russell. Montamos la tienda en un nevero (única
superficie plana por allí), y otra vez a meternos en la tienda
empapados para pasar en ella ¡catorce horas!. ¡Salir a
meár, era toda una aventura!.
Cuando por fin amaneció, aunque no había dejado de llover,
recogimos los trastos y nos fuimos de allí. El animo por los
suelos y los huesos... Después de tantas horas en una minúscula
tienda estábamos “descoyuntaos”.
Bajamos al refugio de pescadores que hay en el Puente de Coronas a
esperar al autobús, esta cabaña estaba llena de gente
que estaba en nuestra misma situación, de forma que no estábamos
muy cómodos precisamente. ¿Has visto tu, llegar el autobús?,
¡bien!, ni de coña vamos. Hartos ya de esperar y viendo
que no nos quedaba otro remedio (el autobús no subió
porque estaba la pista cortada), nos bajamos andando ya que si no
¡aun estaríamos allí!. Eso si, En Senarta,
no había nadie a quien reclamar el dinero que habíamos
pagado por el viaje de vuelta.
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