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EL CORREDOR DE GAUBE

¡Por fin! ¡Ya era hora!. Habíamos planteado hacer el Gaube varias veces y al final siempre algo nos lo impedía. Esta vez, estábamos en Puente España un viernes al atardecer y la previsión meteorológica era buena.
Subimos al refugio de Houlettes mientras oscurecía para llegar a él ya de noche. En la aproximación nada especial que reseñar, la nieve tenia la consistencia necesaria para andar bien con raquetas, vimos algún alud antiguo..., y poco más. La parte libre del refugio se encontraba en buenas condiciones exceptuando algo de nieve que había entrado y que tuvimos que limpiar. Tras esto, a cenar y al saco, no hay quien aguante fuera de él dado las bajas temperaturas.

Al día siguiente salíamos del refugio antes de amanecer, vimos las primeras luces del día camino del corredor. Una vez en la entrada de este y tras equiparnos con todo el equipo, Juanjo y Moncho decidieron no hacer la escalada por unos motivos u otros más o menos justificados. Así que nos quedamos solos el Waldo y yo.

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Tras pasar una rimaya que nos obligaba a dar un buen salto, la subida del cono de deyección, primer largo de la vía en nieve muy vertical, tuvimos que hacerla con una "técnica especial" dado el estado de la nieve: las raquetas, fijas y utilizadas del mismo modo que si fueran crampones en el hielo, mediante patada con la puntera.

Zona central del corredor.

Una vez superada esta primera dificultad, el resto del corredor se hace más fácil hasta el comienzo de la cascada final.

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Zona central del corredor.
 
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A la vista de la cascada final.
 
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Lo subimos despacio, sin prisas, deleitándonos del encajonado entorno que nos rodeaba. Cuando llegamos a la cascada estudiamos sus posibilidades de escalada, que esta vez no eran muchas. El hielo estaba muy justo.

Reunión previa a la cascada.

La vía más lógica, en esta ascensión de la cascada, presentaba un largo de 80º en hielo un poco podrido, que se dejaba escalar bien pero malo para los tornillos. Una vez superado este largo, la salida del corredor ya fue “coser y cantar”.

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Primer largo de la cascada.
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Cuando llegamos al collado que forma dicha salida, un grandioso panorama nos esperaba, Un espléndido sol en un cielo despejado, daba una belleza especial al glaciar de Vignemale. La sensación de orgullo y felicidad, tras haber conseguido el corredor mas emblemático del Pirineo, es el premio que conseguimos. Un premio efímero, no compartido con nadie excepto con el compañero que tienes al lado, que vive tus mismas sensaciones.
Dejamos todo el material allí y subimos a la cumbre de la Pique Longe, punto culminante del macizo montañoso y final lógico del corredor.

En la cima del Vignemale.
 
     
     
EL RETORNO
Bueno, ahora tocaba el regreso. No conocíamos el terreno pero sabíamos que teníamos que llegar al refugio de Baisellance y después subir a la Hourquette d'Ossoue para bajar al valle de Oulettes y al refugio de partida. Emprendimos pues la bajada del glaciar pero al comenzar el flanqueo que debería llevarnos al refugio de Baisellance nos envolvió una espesa niebla. Habíamos pasado de un espléndido día, a no ver tres metros delante nuestra y además en ese momento atravesábamos una ladera de nieve que presentaba un grave riesgo de caerse, es más, lo que no sabíamos era como se sujetaba, a cada paso que dábamos se nos ponían los pelos de punta. Por fin, en un claro de la niebla, divisamos unas antenas por encima de unas rocas, ¡eran las del tejado del refugio de Baisellance!.

Llegados al refugio nos encontramos con que la niebla allí era más espesa todavía, era imposible orientarse, además de que el terreno nos resultaba desconocido ¡si tan siquiera en un claro de la niebla pudiéramos divisar el collado!. Hicimos varios intentos ya que como nuestra huella quedaba en la nieve no suponían riesgo de alejarnos del refugio, pero todo fue inútil. Al final tuvimos que resignarnos a que tendríamos que pasar noche en donde estábamos.

Nos pusimos a inspeccionar el refugio, semienterrado en la nieve. Pensábamos que, como todos los refugios que están guardados en temporada, este tendría como mínimo un apartado libre para casos de emergencia, pero no, ¡El refugio de Baisellance estaba cerrado a cal y canto y no tenia posibilidad de refugiarse! ¡ni siquiera un cobertizo!.
Cuando ya cansados de darle vueltas, comenzaba a anochecer y nosotros a desesperar por el grave riesgo que corríamos si pasábamos la noche al aire libre con las bajas temperaturas que estaba haciendo, Waldo, escarbando en la nieve amontonada contra los muros del refugio, se percato de que había una pequeña ventana abierta por la que se podía acceder al interior.
Esta ventana daba a los aseos de la planta baja, estos estaban llenos de nieve que había entrado por la abertura hasta la altura de la ventana, de forma que había que entrar “réptando” entre esta nieve que llegaba prácticamente hasta la puerta de la dependencia, y el techo. Estaba claro que algún otro montañero en apuros se había visto obligado a forzar esta ventana.

Bueno, por lo menos teníamos refugio donde sobrevivir esta noche. Una vez dentro, y a la luz de nuestros frontales primero, pues pronto se nos agotaron, y de unas velas que encontramos despues, encontramos en la planta de arriba mantas con las que abrigarnos para dormir un rato y unos botes de “compota de manzana” que nos sirvieron de cena.

En estas primeras horas de la noche, salimos varias veces con la esperanza de que se hubiera levantado la niebla y pudiéramos ver el collado pero fue inútil. Nosotros estábamos bien y no teníamos ningún problema en pasar allí la noche, pero nuestros compañeros debían de estar muy preocupados ante nuestra tardanza, teníamos que hacer todo lo posible por volver aunque fuera a altas horas de la noche. Pero lo que no pudimos hacer por la tarde, mucho menos podíamos hacerlo en una noche cerrada, con intensa niebla y encima con un fuerte viento que se había levantado.

La situación no cambio al amanecer, tuvimos que esperar hasta las diez de la mañana para que por fin, en un claro de la niebla, viéramos el collado y pudiéramos trazar una ruta. Se volvió a cerrar, pero ahora ya sabíamos a donde debíamos dirigirnos. Subimos pues al cercano collado, distante una media hora de Baisellance para bajar a la otra vertiente ya de camino a Oullettes. Menos mal que no habíamos llegado al collado por la noche, ya que la otra vertiente era una traicionera rampa de hielo recubierta de una fina capa de nieve que podría habernos dado algún disgusto en la oscuridad.

Una vez en el collado, fuera ya de la niebla que quedaba mas abajo y solamente en la vertiente de Baisellance, vimos venir un helicóptero a lo lejos, no hizo falta mucho para comprender a quien estaban buscando, nuestros compañeros habían dado ya la voz de alarma con el equipo de radio de emergencia del refugio de Oullettes. Cuando nos vieron, dieron un par de vueltas por encima nuestra y al vernos bien y ante la dificultad para aterrizar en aquel punto, se fueron. Ya de bajada nos encontramos por fin con nuestros compañeros. Juanjo lloraba de emoción y Moncho.... Bueno, descargo lo que llevaba dentro enfadándose con nosotros. Es comprensible y desde luego no nos ofendió con ello, pues lo habían pasado muy mal, mucho peor que nosotros que habíamos dormido bien (o más exactamente habíamos pasado la noche seguros y abrigados) y no tuvimos su preocupación por la integridad física de unos compañeros.

 

Consideraciones respecto al refugio de Baisellance

Ante lo que alguien pudiera pensar, quiero decir lo siguiente:
En primer lugar, la ventana por la que accedimos al interior del refugio ya estaba abierta, es decir, no la forzamos nosotros. Pero por otro lado, si la hubiéramos tenido que abrir, lo hubiéramos hecho sin contemplaciones.

En segundo lugar, dejar claro que el derecho que nos asistió, en ese momento, para entrar en una propiedad privada, comernos un bote de “compota de manzana” y usar sus mantas, fue el de la pura supervivencia. Estábamos inmovilizados, atrapados por la densa niebla y dadas las temperaturas de invierno a esas alturas, el riesgo vital era real.

En tercer lugar, declarar que considero delictivo, casi criminal, el que los responsables del refugio no dejaran una dependencia abierta para casos de emergencia. Un refugio como este, es como un faro, cualquier montañero en apuros se dirigirá a él, y una vez allí tras haber gastado su tiempo y sus energías, se vera en una trampa que en invierno podría ser incluso mortal. Desconozco las leyes Francesas, pero estoy seguro de que la lógica me da la razón.