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FIN DE SEMANA ACCIDENTADO

 

El sábado

El proyecto era, hacer la arista Passet al pico Marbore. Esto lo haríamos el domingo y para ello dedicaríamos el sábado a la aproximación, durmiendo en el refugio de Serradets o a pie de vía. Para “rellenar” la actividad del sábado, decidimos hacer la cresta Oeste al Gabieto Occidental y desde este, a través del Taillón, bajar a la Brecha Rolando y al refugio.
Pues Bien, allí que nos encaminamos uno de Irún, otro de Estella y el de Tudela. Habíamos quedado en Higa de Monreal a las seis de la mañana, para desde este punto ir a Gavarnie en un solo coche. Tras el tremendo madrugón (alguno tuvo que levantarse a las cuatro), el largo viaje en el flamante Opel Kadet ranchera del Juanillo. Todo fue bien hasta las ultimas curvas antes de llegar a Gavarnie: el Juanjo y el Angel dormidos como niños,... Y el conductor ¡También!. El resultado fue todo el lateral del coche destrozado contra el muro de piedra que protege el lado del río de la carretera. ¡El susto, ni te cuento!, imagínate.

Bueno, no arreglamos nada con volvernos a casa ahora, así que decidimos continuar con nuestros planes, es lo mas lógico y el asunto del coche ya se solucionara el lunes (acuerdo con Juanjo ayudar a Juanillo en los gastos del coche). Nos encaminamos pues, desde el aparcamiento al collado de Bujaruelo y desde este a la vía propuesta al Gabieto. Nos cuesta un poco encontrar el comienzo de la cresta pues no conocemos el terreno, pero al fin llegamos a una pequeña brecha que marca el inicio.
Al principio comenzamos la trepada sin encordar, por un terreno fácil pero muy descompuesto. Cuando llevábamos un rato trepando, un torpe (ósea yo) deja caer una piedra con el pie y.... ¡el dedo del Juanillo unos metros por debajo!.
¡Mira!: el dedo destrozado, reventado y sangrando como agua por el pitorro de un botijo... ¡el Juanillo que se marea y esta a punto de caerse!¡la leche!... Cuando al fin conseguimos estabilizar la situación, como es lógico, toca retirada.

El descenso hasta el coche se nos hace muy largo y duro, el dedo, aunque ha dejado de sangrar (para curarle, nuestro "botiquin" contenía dos aspirinas), le duele a rabiar y nosotros no podemos hacer mucho para aliviarle la marcha, conducirle por el mejor camino, ayudarle, asegurarle, ¡poco más!. Por fin, en un par de horas interminables, llegamos al coche y con él a Gavarnie. Una vez allí: ¡Sorpresa!, no hay medico. Hay que ir a otro pueblo mas abajo. Pues allí que vamos!. Tampoco hay suerte, encontramos un dispensario, pero sin medico ni nadie que nos asista. Nos indican que la única posibilidad es ir al hospital de Lourdes, a una hora de camino. A todo esto va y resulta que Juanillo no llevaba la tarjeta de la federación (o no estaba federado, no recuerdo bien) y ante la perspectiva de pagar un facturón y dado que en ese momento había cesado el dolor, decidimos que en ese tiempo estábamos casi en España donde encontraríamos buena asistencia y gratuita en terreno conocido.

Cuando, por fin, salimos del hospital de Jaca aliviados por la cura y el diagnostico medico (dedo roto y uña fuera), con una sonrisa de oreja a oreja y hambrientos ya que no habíamos comido nada, nos vamos a cenar (eran ya las diez de la noche) mientras decidimos que hacemos ahora. Es tarde para ponernos en viaje (en el caso de Juanillo, hasta Irún) y por otra parte nos ocurre lo mismo que cuando el coche, que no solucionamos nada marchándonos a casa, el mal ya esta hecho. Juanillo se niega rotundamente a “colgar” el fin de semana, y nos anima a buscar algo que hacer nosotros el domingo que el nos esperara placidamente abajo. La verdad es que no hizo falta mucho para convencernos, (¡Joder!,como no somos cogotudos ni nada....).

Se me pasa por la cabeza una escalada que nos solucionaría lo de dormir y de paso el plan para el domingo. Una vía que había buscado en otra ocasión, sin éxito, en el Peña Forca: “la arista Este o de los Sarrios”. Podemos dormir en el enorme refugio que hay en Selva de Oza y además es un paraje excelente para que se quede Juanillo paseando o tomando el sol mientras regresamos.
allí que nos fuimos para dormir en buenas literas con nuestros sueños, enredados entre tanta desgracia como nos había ocurrido y la esperanza de que nos pudiera salir bien la escalada del día siguiente.

EL Domingo

¿Has Visto tu encontrar la arista?, ¡bien!. ¡Ni de coña vamos!. Hartos ya de buscarla desistimos, pero como no nos resignábamos a quedarnos sin escalar, buscamos otra posible vía. Optamos por una canal que tenia buena pinta. ¡A por ella!. ¡por fin nos ponemos el arnés, hombre!.
Hago el primer largo que no presenta ninguna dificultad (III), y en el segundo surge la desgracia. ¡lo vi venir!, Juanjo había superado un friend y subía demasiado sin meter nada. De pronto, una presa que se le va y, ...¡Caída al canto!. Un “cogotón” de unos 15 o 20 metros que me pone los pelos de punta (y eso que no tengo). Los elementos de seguro que había colocados funcionaron bien, pero yo desde la reunión no puedo hacer mucho por evitar el trompazo, demasiada cuerda sin nada en medio (algún día aprenderemos que la cuerda si no esta sujeta a la pared, sirve de muy poco). Con paciencia, consigo descolgar a mi compañero hasta el pie de vía y llevarlo hasta una gran roca donde nos quitamos las mochilas y el equipo y podemos descansar. Juanjo tiene un fuerte dolor en el costado y me comunica que ha orinado sangre, esto me preocupa especialmente, no entiendo nada de medicina, pero una lesión interna supongo que puede ser muy mala.

Lo dejo bien situado, tumbado y con las dos mochilas y me echo a correr como alma que lleva el diablo a buscar auxilio. Me cruzo con otros montañeros, pero nadie lleva teléfono ni radio. Por fin llego a Selva de Oza y me encuentro a Juanillo placidamente tumbado bajo un árbol. No hace falta decirle nada, en cuanto me vio de lejos, supo que algo había pasado y para cuando llegue a el, ya estaba el coche en marcha. A Hecho, al cuartel de la Guardia Civil. Una vez allí, tras dar parte de lo ocurrido, avisaron al helicóptero y nosotros quedamos esperando en el cuartel.
Vino el “pajarico” y me preguntaron por radio la situación exacta del herido, yo les indique que estaba al pie de una gran roca plana muy reconocible en la cara Sur del Pico. Fueron para allá y tras dar varias vueltas no encontraron a Juanjo, por lo que pensamos que tal vez se había desmayado y estaba fuera de la vista.
Decidieron que el helicóptero me recogería a mi para ver si yo podía localizar el sitio desde el aire. ¡con la ilusión que me hacia a mi, volar en helicóptero y tenia que ser en semejantes circunstancias!.
Una vez llegados a la cara sur del pico, no consigo reconocer nada, estaba desesperado, ¡yo allí no había estado, seguro! El de rescates en montaña empieza a ver lo que ocurre y me interroga sobre la vía que estábamos haciendo, hasta que comprende que, sencillamente, ¡les había mandado a la cara Sur y era en la cara Norte donde deberíamos estar!.

¡Mi madre!...¡Qué vergüenza tío!... Creo que me puse de todos los colores. ¡Yo, con mi ineptitud, les había hecho dar vueltas durante una hora perdiendo un tiempo inestimable!. ¡Les había mandado a la cara Sur en vez de a la Norte!. Te juro que me sentí fatal. ¿cómo pude despistarme así?. ¡Seré imbecil!.
Poco le costo al helicóptero dar la vuelta al monte, y menos a mi reconocer el terreno y encontrar a mi compañero. Rápidamente lo rescataron esos grandes profesionales que tiene la Guardia Civil, y tras dejarme a mi en Hecho se llevaron a mi amigo al hospital de Jaca.
Al final, gracias a Dios, (que no a mis despistes), la cosa no fue muy grave, una costilla rota y contusiones.

Bueno, así acabo el fin de semana. Había que vernos camino de regreso a media tarde del domingo. ¡todo un poema!...¡Dios que tres!, mejor dicho, ¡que cuatro!... El coche destrozado, el Juanillo y el Juanjo “averiaos” y yo preguntándome si todavía nos iba a pasar algo.
Gracias a Dios ese fin de semana ¡NO!


 


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